A pesar de que, parece ser, hay algún que otro gobernante que se aventura en pronosticar que, siempre que el tesoro lo permita, Cáceres contará, sabrá Dios cuando, con un aeropuerto internacional, algo de lo que no se volverá a hablar hasta que se acerquen las próximas elecciones autonómicas, no estaría mal recordar a los olvidadizos de coche oficial y sueldo de por vida que el escueto aeródromo de Badajoz se está internacionalizando a una velocidad de vértigo.
Si en un principio, con dinerito fresco de los extremeños, se consiguió volar a la capital de España diariaménte, más tarde, y también a costa del mismo pecunio, se llegó a un acuerdo para que los aviones llegaran a Barcelona (País Catalán) y a Bilbao (País Vasco) aunque, este último ha desaparecido por la escasez de pasajeros, pues los enfínteres suelen jugar malas pasadas. Por lo tanto y de entrada, ya se puede considerar internacional. Ahora nos anuncian que a lo largo del verano se podrá viajar hasta Valencia y París. Pero ojo, solo en verano. Aunque mucho me temo que, dada la renta per cápita de la que disfrutamos, con un poco de suerte, en agosto se han suspendido los vuelos por falta de clientela, al menos que desde la capital autonómica se ordene lo contrario y la compañía aeronáutica ponga el cazo y trinque el parné, que será lo más probable.
De todas formas es de agradecer esta disposición, tan colosal como europeísta, ya que son muchos los extremeños que tienen importantes negocios en la capital de los gabachos y que les reportan pingues beneficios y, claro está, desplazarse hasta tan fermoso lugar por carretera es un incordio y el AVE, a vé si llega. Dicen que para el dos mil y pico.
Yo ya me imagino como debe ser volar desde la capital de la baja Extremadura, o sea, Badahó, hasta la ciudad del Sena: el comandante, el ayudante del comandante, una azafata, dos parejas de recién casados y el resto, hasta agotar las localidades, una entrañable expedición del Inserso que viajan de gorra y con la gorra, a pesar de que esta no sea una prenda típica parisina. Vamos, un deleite para los sentidos. Pero, hay que ir con los tiempos, ¿y qué mejor que a toda velocidad? Pos eso.
Así que preparen sus maletas porque el avión está a punto de despegar. ¡Que ilu!.
- ¿Y cuanto dice usté que le ha costao el viaje?
- Noventa leuros, vamos, quince mil pelas por cabeza.
- Hombre, pos no e mu caro.
- Caro no, la verdá, ¿Pero quiere usté que le diga una cosa? No se le ocurra dí porqu'en uropa, no no entiende naide. ¿Porqué será?.
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Gabriel Enrique Sardina Sánchez.
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