Leo en el periódico de las tres mayúsculas una noticia sorprendente y hasta con su buena dosis de testiculina, en un país donde parece que muchos, con tal de no abrir la boca por temor al fantasma de la dictadura obrera española, que es la que por desgracia maneja el cotarro de los contratos laborales, aguantan lo inaguantable.
Pero a lo que iba, según el rotativo, “un grupo de profesionales, entre los que se encuentran médicos, enfermeros, psicólogos y abogados, ha creado el «bebe-Aído», una réplica en plástico y a tamaño natural (algo más de cinco centímetros de largo) de un feto de doce semanas con el que pretenden evidenciar que el feto no sólo es un ser vivo, sino también un ser humano, frente a lo que afirma la ministra de Igualdad, Bibiana Aído”.
Los responsables de esta iniciativa tienen previsto enviar un «bebé-Aído» a todos los altos cargos de Igualdad, diputados, senadores, periodistas y medios de comunicación con la intención de que la sociedad española compruebe en sus manos si un bebé de doce semanas es o no un ser humano que ya tiene cabeza, ojos, brazos, piernas, manos, pies y corazón.
El pasado 19 de mayo la ministra Aído aseguró que un feto de trece semanas «es un ser vivo, pero no un ser humano, porque no existe ninguna base científica de ello». Los creadores del «bebé-Aído» responden a la ministra que, según los manuales de embriología humana, el cigoto (busquen y comparen en cualquier diccionario) es ya un ser humano irrepetible y único en su especie. Pero, claro está, Bibiana de esto y de otras muchas cosas, no tiene ni puñetera idea.
Con el fin de concienciar a la sociedad, los responsables de la iniciativa van a producir 200.000 «bebés-Aído» para regalar y vender a través de internet (
www.bebe-aido.com) y el dinero que recauden lo destinarán a difundir su iniciativa y a ayudar a embarazadas.
He escuchado en alguna que otra ocasión que, “quien dice lo que no debe, escucha lo que no quiere”, y esto es lo que le está sucediendo a esta miembra del desgobierno a la que sin duda alguna, le falta el cromosoma de la incultura que, por cierto y en su caso, suele ser muy osada.
Menos mal que aún hay estudiosos y especialistas que se pueden permitir el lujazo de sacar los colores a la ministra. Bueno, suponiendo que sienta rubor pues, en este caso como en el de otros de su misma calaña, bien podríamos decir que “lo que natura no da, Salamanca no presta”. Claro, que Bibiana, no sabe siquiera porqué es famosa Salamanca. No da más de sí. Con dos o tres más como ella, Europa, terminaría en los pirineos. Sin duda.